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El “Matador” de la dignidad humana

Julio Cesar González, más conocido en el mundo periodístico colombiano como “Matador”, se ha posicionado durante años como uno de los más destacados caricaturistas del país. Su humor mordaz, crítico, casi siempre en contra del poder sin importar si es de derecha, centro o izquierda lo convirtieron en un referente en Colombia. Así mismo sucedió con sus redes sociales que sumaron cientos de miles de seguidores en poco tiempo gracias a su creatividad para criticar con ironía e ingenio a los más poderosos.

Inexplicablemente las caricaturas y los tuits del popular “Matador”, en un abrir y cerrar de ojos se convirtieron en mensajes sectarios llenos de odio con ataques personales, discriminación, burlas por la apariencia física de las personas y hasta regionalistas. Y esto es triste y lamentable porque usted como líder de opinión puede criticar las decisiones o comportamientos personales o públicos de un gobernante, pero compararlo con un cerdo solo por su apariencia física, cuando esa persona no se ha robado nunca un solo peso, no tiene procesos ni investigaciones en su contra, es un padre, hermano e hijo ejemplar, se convierte en algo ruin, antiético y cobarde.

 

Peor aún es cuando ese caricaturista, aprovechándose del poder que le da hoy publicar lo que quiera en el periódico más leído del país, y a la vez en sus propias redes sociales, se dedica a burlarse de la apariencia física de la esposa del presidente, del difícil momento que atraviesa el departamento de Antioquia con el proyecto Hidroituango, o cuando acusa a “X” o “Y” persona de algún crimen con un simple dibujo y sin usar su nombre para evitarse eventuales demandas.

Matador ha graduado a Uribe de asesino, a Duque de cerdo, a Fajardo de ser el responsable de los problemas de Hidroituango, y nadie puede decir nada por dos razones: 1. Porque defenderse sería ir contra la “libertad de expresión” que al parecer en Colombia, solo aplica en contra de la derecha y a favor de la izquierda, y 2. Porque lo hace a través de dibujos, sin nombre, y a la hora de defenderse ante una demanda, usaría el sofisma de que ahí no dice de quién está él hablando, que el que está dibujado es otra persona, o que es simplemente una coincidencia desafortunada. Lo que hace Matador escondido tras el poder que le dan sus caricaturas se llama cobardía.

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