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Campesinos de Córdoba se oponen a erradicación forzada con glifosato

En el municipio de San José de Uré, al sur del departamento de Córdoba, están descendiendo helicópteros con tanques llenos de glifosato para fumigar, manualmente, las áreas cultivadas con hoja de coca.

De acuerdo con la Asociación de Campesinos del Sur de Córdoba, estas fumigaciones provocan graves afectaciones en la región y en la comunidad.

Arnobis Zapata, delegado de las organizaciones campesinas del departamento, indicó que se trata de un proceso de erradicación forzada en la que no se está cumpliendo el compromiso de sustitución de tierras establecido en los acuerdos de paz.

“Pensamos que la erradicación es una solución temporal. Mientras no se les ofrezca a los campesinos las condiciones óptimas para sembrar otros cultivos, se va a reincidir en la coca”, aseguró Zapata.

“El problema es el uso del glifosato, que está enfermando a la gente, que está contaminando”

Las mangueras llenas de glifosato no solo estarían sirviendo para erradicar la hoja de coca, sino que habrían generado afectaciones en otros cultivos de consumo humano, así como también  una grave contaminación en las fuentes hídricas, pues las bombas de agua son lavadas en las afluentes más cercanas a las fincas. “Ya se han presentado casos de vómitos en el municipio”, agregó Zapata.

El líder social es claro al mencionar que se trata de acciones generadas por la Policía Antinarcóticos, que se niega a dejar de arrancar la coca en la región, desde hace 20 días aproximadamente. Por su parte, según el mismo Zapata, el Ejército Nacional se ha mostrado dispuesto a colaborar con la sustitución y a respetar que sea voluntaria.

La situación anterior ya ha dejado confrontaciones entre los campesinos y la policía antinarcóticos.

“El problema no es quién arranca la coca. Si son ellos o nosotros es lo mismo. El problema es el uso del glifosato, que está enfermando a la gente, que está contaminando”, aseveró Zapata, quién anunció que se unirán a la movilización nacional campesina organizada en protesta por la masacre de Tumaco.

Los campesinos esperan, a través de estas protestas pacíficas, alzar su voz frente a un problema que ya ha dejado víctimas mortales, heridos y desplazados. Según ellos, la erradicación no puede hacerse mediante el uso de la fuerza en un proceso arbitrario que pasa por alto a la comunidad.

“Mientras no se les ofrezca a los campesinos las condiciones óptimas para sembrar otros cultivos, se va a reincidir en la coca”

   ELTIEMPO