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domingo, enero 21, 2018
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La periodista que fue agredida por Gustavo Rugeles cuenta su historia

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“Le dije vete, vete. Le abrí la puerta y empecé a sacar sus cosas, y él la cerró. Me dijo que no se quería ir; le dije que por favor se fuera de mi casa, pero no quiso. Él empezó a ponerse agresivo, me cogió del cuello, contra la pared, mucho forcejeo, y yo le decía que se fuera ya (…) Yo estaba en la ventana del baño; quebró la ventana y me corté la mano, quedó una herida muy grande, y había mucha sangre”.

“Le dije, déjame ir a la clínica, mira cómo está esto. Era un cuadro impresionante porque era mucha sangre (…) Él me decía que no, me decía perra; me cogió el cuello contra una ventana en mi cuarto y luego contra mi cama; me tenía cogida del cuello, y yo le decía que qué quería, que si me quería matar. Lo único que podía hacer era gritar, no tenía otra arma más que mi voz. Yo vivía en un quinto piso, así que los vecinos escucharon y creo que los vidrios que cayeron de la ventana también los alertaron y llamaron a la Policía”.

Esos hechos, ocurridos en abril del 2015, los narra la periodista Johana Fuentes. ¿Su agresor? El también periodista Gustavo Adolfo Rugeles Urbina, quien el pasado 27 de diciembre fue detenido por un nuevo ataque contra una mujer: su actual pareja, Marcela González. En entrevista con EL TIEMPO, Fuentes dice que aunque había dado por terminado ese capítulo, decidió por primera vez hablar públicamente de la agresión de Rugeles por la aparición de una nueva víctima.

Había ciertas actitudes que tal vez me enviaban una alerta, pero que nunca atendí

¿Cómo conoció a Gustavo Rugeles?

Lo conocí por el trabajo en un almuerzo de periodistas. Empezamos a hablar porque compartíamos información de nuestra fuente y él me preguntaba cosas porque era nuevo en la fuente. Después salimos unos meses y luego nos pusimos más serios en la relación, duró alrededor de un año. Cuando comenzamos a salir, él se portaba bien; yo sentía que tenía afinidad con él en muchas cosas. La pasábamos bien, y yo sentía que era una persona relajada. Pero después había ciertas actitudes que tal vez me enviaban una alerta, pero que nunca atendí; comentarios y comportamientos que me llevaban a decir: no era esta la persona que yo conocí. Como que me dijera ‘no te pongas esa falda porque las que usan faldas son putas’. Entonces le dije que cómo se le ocurría, que cómo me iba decir cómo me iba a vestir.

¿No pensó en ese momento que esas palabras ya eran una agresión?

En ese momento no me sentí agredida, pero sí incómoda; me parecía un abuso que quisiera decirme qué podía ponerme o qué no. Después empezamos a tener problemas y discusiones, y él subía el tono. La primera vez que me dijo una grosería yo quedé paralizada porque jamás me habían tratado así en ninguna relación. No estoy acostumbrada a eso. Me indigné y le dije: ‘no más, no quiero saber más de ti’. Peleamos y luego me pedía perdón y me decía que no volvería a pasar; me decía mil cosas divinas, y yo le creía. Al final de la relación, ese vocabulario se empezó a tornar frecuente. Pero en esas discusiones nunca hubo agresiones físicas.

¿Cómo ocurren los hechos que usted denuncia?

Habíamos terminado hacía unas dos semanas. Yo le tenía miedo, no quería seguir con él, ya había tenido un episodio superasustador. Para esa Semana Santa, él llegó a la casa tomado y me empezó a tratar mal, no recuerdo por qué. Me empezó a gritar cosas y entonces se pegaba con las paredes. Yo me asusté mucho porque sentí que me iba a pasar algo si me quedaba ahí. Cogí mis llaves y a mi perro y salí corriendo de mi casa sin que él se diera cuenta, porque él estaba en la terraza. Cuando vio que yo había salido me persiguió. En plena calle 45 con séptima me gritaba: “me la vas a pagar”. Me dio mucho miedo y cogí un taxi. Cuando pude volver a mi casa a sacar ropa tuve que preguntarles a los vigilantes si había salido. Me metí a mi propia casa como una delincuente, a escondidas.

¿En qué momento pudo volver a su casa después de esa Semana Santa?

Hablé con él y le dije que tenía miedo, que no quería volver y que él estuviera así. Después de unos días dejó de pelearme, me dijo que lo perdonara. Le dije que me pareció horrible cuando me persiguió. Yo volví a mi casa, pero ya no quería estar con él. Días después terminamos; él me rogó que volviéramos, me dijo que quería una familia conmigo, pero yo le dije que no.

¿Por qué Rugeles vuelve a su apartamento?

Él tenía unas cosas en mi casa, una ropa, unos libros, pero no se los llevó. Yo hice un viaje a Madrid porque estaba muy agobiada. Él empezó a decir que quién sabe con quién me iba, lo que siempre decía. Yo le dije que esperaba que recogiera las cosas, pero no lo hizo. Un día, como a las 11 de la noche, subió y me dijo: “Vengo por mis cosas” y le dije ok. Después me dijo que si se podía quedar, que no podía irse tan tarde. Le dije que sí pero que se quedara en la sala. Al otro día, yo me estaba alistando para ir al noticiero y me empezó a reclamar, a decir que yo por qué no volvía con él, que yo era una perra. Yo le decía que se calmara, que ya no me dijera nada, y ahí ocurrió la agresión.

La Policía me vio así y no se lo llevó, solo le dijeron que se fuera

¿Qué pasó cuando llegó la Policía?

Logré zafarme y abrir la puerta. En ese momento también estaba llegando la veterinaria con mi perro y me soltó, no sé si se asustó; entonces yo salí corriendo. Bajé, yo vivo en un quinto piso, pero no usé el ascensor y bajé como una loca, llena de sangre. La Policía subió, me dijeron que me calmara, y cuando subieron él estaba tranquilo, como si nada pasara. Yo les decía que él me había agredido, que lo sacaran, y los policías le dijeron que se fuera por su bien, entonces se fue. Yo quedé en shock, no lo podía creer. La Policía me vio así y no se lo llevó, solo le dijeron que se fuera. Yo quedé en mi apartamento muy asustada. Tenía una herida gigante, así que llamé a mi mamá, llamé a Cecilia Orozco e Ignacio Gómez (de Noticias Uno), que eran mis jefes en ese momento, les conté y me fui a la clínica. La Policía no me dijo nada, ni qué tenía que hacer, ni se lo llevaron ni me dijeron ‘denuncie’. No hicieron nada. Después me atendieron en la clínica, me cogieron puntos. Cuando salí, todo el mundo lo sabía por Twitter. Fue un choque emocional durísimo porque yo no había asimilado que eso me había pasado, y ver en redes sociales que todo el mundo me escribía, mis amigas, mucha gente diciéndole cosas a él y solidarizándose conmigo. Yo no quería que eso se supiera ni quería hablar de eso. No quería que me preguntaran, no quería nada.

¿En qué momento lo denuncia?

Salgo de la clínica y me voy para la Fiscalía y abrí el proceso. Eso fue en abril del 2015. En eso, él estableció contacto telefónico conmigo para pelearme, gritarme, decirme cosas feas. Le dije que lo iba a demandar, y tal vez él no lo creyó. Y como a los dos o tres días él sube unas fotos a su Twitter con la cara golpeada. Pero, en el momento de los hechos, él no tenía ningún golpe. No sé quién se los dio porque a veces él se pegaba solo, o alguien más, y dijo que yo lo había agredido. Me pareció muy bajo de su parte. Yo nunca publiqué nada en mi Twitter ni dije que ese señor me había agredido.

Yo no estaba buscando acabarlo, pero me agredió

 

¿Usted terminó denunciada?

Dijo que yo lo había agredido. Me llegó una demanda de él por lesiones personales firmada por su abogado, Abelardo de la Espriella. En esos días, yo solo tenía contacto telefónico con él y solo me peleaba, me gritaba que yo le estaba dañando su reputación, que yo no iba a poder acabarlo. Yo no estaba buscando acabarlo, pero me agredió. Él me había agredido a mí, pero yo sentía pena, me daba pena hablar de eso. Yo soy periodista y he reportado casos de feminicidio, los he leído en prensa, los he visto por televisión, pero veía esos casos como algo lejano. Los leía y reportaba, y nunca imaginé que eso me iba a pasar. El día que me pasó yo quedé en shock, me abrumé, no supe cómo reaccionar.

¿Qué pasó en el proceso?

Cuando fui a la citación, él no llegó, era en Bosa. Me preguntó la persona encargada, creo que es un fiscal, que por qué estaba allí, y le cuento que yo lo había demandado por agresión y que él me había puesto una contrademanda porque supuestamente lo había golpeado, por lesiones personales, y esta persona me dijo que ellos no habían adjuntado ninguna prueba de Medicina Legal y habían retirado la demanda. No sé con qué fin entonces la pusieron. Tal vez era una forma de intimidación.

¿Después de eso le llegó la otra citación?

Me citaron por mi demanda, fuimos ante una juez de familia. La citación mía fue en Chapinero. Allí nos hicieron contar qué pasó, en mi versión y en la de él. Yo llegué a esa audiencia y temblaba, estaba muy afectada. Él entregó su versión de los hechos; por supuesto, dijo que yo lo había golpeado y pidió medida de protección. Yo tenía una medida de protección desde que fui a Medicina Legal. Pero a él le dieron una ahí, como si yo fuera la agresora, y no tenía pruebas de Medicina Legal, pero le dieron la medida de protección igual que a mí. Me pareció injusto e indignante.

¿Esas medidas de protección en qué consistían?

Que no me le acercara, pero obviamente yo no me le quería acercar. Que no lo mencionara, que no hablara de él. Básicamente era para que no me metiera con él en ningún sentido, como quédate callada, no digas nada. Un tiempo después, en el proceso nos citaron a una conciliación. La verdad, yo no tenía tranquilidad, sentía que no era algo justo conmigo jurídicamente, quería terminar con eso porque era un tormento para mí. No quería verlo más, entonces dije ¡ya no más! Recuerdo que en la conciliación le dijeron que tenía que darme algo por los días de incapacidad que tuve. Después, él me consignó la indemnización y de nuevo me llamó a decirme que había superado todo, que me pedía perdón, que ya todo estaba saldado. Le dije que lo perdonaba, porque ya había pasado mucho tiempo y porque yo también había hecho un acto de perdón, porque el rencor solo me afectaba a mí y no a él. Me dijo que había sido una equivocación, y quise creer que había sido así.

¿Por qué decide hablar ahora del caso?

Pasó todo este tiempo hasta que Marcela González, su nueva pareja, me escribió por Facebook a preguntarme si él me había agredido en algún momento. Yo me quedé callada, y ella me escribió: “Casi me mata anoche”. En ese momento, con los periodistas de La W empezamos a intentar ayudarla. Hicimos los contactos con la Secretaría de la Mujer para que ellos asumieran el caso. Ellos le hicieron varias visitas, le ofrecieron ir a un refugio. Ella nos dijo en cierto momento que se había ido a Cali, y luego salió el video que el país conoció el pasado fin de semana (en el que Marcela y Rugeles aseguran que van a solucionar sus problemas en privado y que siguen juntos). No sé por qué ella me buscó, tal vez había escuchado de mí. No lo sé. Ella me dijo que le había preguntado una vez por mi caso a Gustavo y que le había dicho que era mentira, que yo estaba loca.

‘Es de humanos cometer errores’

El periodista Gustavo Rugeles dijo desde su cuenta de Twitter que la información sobre su vida privada ha sido “tergiversada”. “Hechos de nuestra vida personal están siendo divulgados en redes sociales y medios de comunicación de forma malintencionada y tergiversada con el único fin de hacerle daño a mi carrera profesional”, dijo en un video junto con su pareja Marcela González, quien lo denunció por violencia intrafamiliar.

“Es de humanos equivocarnos, cometer errores, les pido disculpas a todas las personas que se han visto involucradas. Reitero que es un tema que si bien es de nuestra vida personal, yo estoy en la obligación de dar explicaciones. Las estoy dando y vamos a resolver esto en el ámbito de nuestra vida privada (…) así como acepto mis errores y mis responsabilidades, no voy a permitir que personas inescrupulosas intenten torcer la verdad y manipular los hechos para hacer daño”, agregó.

ELTIEMPO

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